A mis 31 años y con
por lo menos 15 romerías a cuestas jamás pensé que la de este año tuviera un
impacto tan positivo en mi experiencia de caminar hacia Cartago. Nunca he sido
una persona devota, de hecho me considero católico por herencia y no por
convicción, no comulgo con casi nada que tenga que ver con religiones.
Sin
embargo, la romería para mí siempre ha sido algo más que una experiencia
religiosa, es en una tradición que practico con diferentes grupos. He caminado
junto a mis amigos de la adolescencia, primos evangélicos, extranjeros, familiares
que rezaban el rosario, amigos con calzado no apto para la caminada, otros con
ataques de asma, “arratonamientos”, hambre, sueño y etc, etc… las consecuencias
son tan variadas como los motivos por los que casi la mitad de la población del
país acude a la vieja capital todos los años.

